La Peceta + Cinco

Y llegué… llegué a los 30 sin hijos.  Llegué sin una relación estable, sin estar casada.  Llegué a esta edad sin una casa, no tengo un perro que se emocione cuando abro la puerta.  No se cuidar flores para adornar y sigo recetas para cocinar.

Y llegué… llegué a los 30 sin un bachillerato.  Llegué sin la carrera que me propusieron, sin la que imaginé.  Llegué a esta edad sin carro propio, no tengo tarjetas de crédito y mucho menos ahorros para los “por si acasos”.

Y llegué…llegué a los 30 sin haber viajado el mundo.  Llegué sin un pasaporte, no tengo vislumbrado ir a ninguna parte fuera de Estados Unidos o Puerto Rico.  Llegué a esta edad sin visitar a esos países y culturas de los cuáles aprendí en la escuela y juré que para este entonces estaría por allá.

Pero…llegué.  Llegué a los 30 sin una relación estable pero con suficiente experiencia para conocerme y saber lo que quiero y merezco.  Llegué con la claridad de saber cuanto valgo y cuan feliz soy con mi presencia.  Tengo la valentía de sentarme sola o acompañada en un restaurante o barra sin que me importe el “que dirán”.  Tengo una hija que me vigila desde el cielo, sobrinas, hijos de mis amigas y mis apreciados ahijados.  Me fascina encontrar recetas y poder hacerlas.  ¡Me encanta deleitar de las instrucciones que seguí y de cómo pude ponerle mi toque al plato y que sepa riquísimo!

Llegué a esta edad sin ser la “estofona” que todos pensaban que era en la escuela.  Sin un bachillerato pero con un diploma del cual vivo orgullosa.  Diploma que me abrió las puertas la carrera que hoy tengo y sustenta lo que tengo que pagar y lo que como.  Mi esfuerzo paga el carro con el cual voy al trabajo, a la Iglesia, a visitar a mis amigos etc.  Lo que me gano me alcanza para vivir, para ofrendar, para darme mis birras y salir con las personas que me dan felicidad… ¿qué más se puede pedir?

No he viajado el mundo aún…  Voy a P.R., a Chicago, hoteles en Florida y me he montado en un crucero.  ¡Pero cuántas memorias en lo poco!  Logro visitar a mi familia, amigos de la infancia y tomo tiempo para mi.  ¿Lo mejor de todo esto? Tengo vida e ilusiones para seguir conociendo, descubriendo…

Llegué a los 30 con la bendición de estar viva…  Con un deseo inigualable de comerme al mundo.  No cuento con los planes que me trazaron, ni tan siquiera con los que me propuse.  Pero llegué a los 30 sabiendo que me vida no tiene que ser semejante a la de ningún otro ser humano y no por eso vale más o menos.  Llegué con la madurez necesaria para aceptar lo que no pasó, sacudirme y seguir.  Poder ser yo: Dyandra Lianh.  Conocerme cada día más, amar mi nueva relación con Dios, vivir feliz con lo que tengo y anhelar cada nuevo cielo e instante del cual tengo el privilegio de ser partícipe.

Mis 30 no son igual a los tuyos… y los tuyos jamas serán cómo los míos… pero pueden estar confiados en la siguiente oración.  Todo está y estará bien, el mundo no se mueve por la igualdad, no hay por que avergonzarse de su camino pero; TIENES QUE EMPEZAR A VIVIR.  Por que es una fortuna, un regalo y porque no sabemos hasta cuando será.

 

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